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14 de julio de 2021

DE IGUERIBEN A MONTE ARRUIT. POLVO, SUDOR Y LÁGRIMAS.


Abarrán fue un aviso de lo que vendría, un ensayo de fuerzas y de modo de operar, un primer ejercicio de ataque.

A pesar del fracaso rifeño en el ataque a Sidi Dris el día 2 de julio, la toma de Abarrán había demostrado la vulnerabilidad de los españoles y Abd el Krim no dudó en exhibir los cañones tomados, convenciendo así a los rifeños que unidos podrían derrotar a las tropas españolas, de modo que en pocos días los efectivos de su harka pasaron de 3.000 a 11.000 combatientes. Y el 17 de julio Abd el Krim antiguo funcionario de la Administración española en la Oficina de Asuntos Indígenas en Melilla, al mando de los Beni Urriagel y con el apoyo de las tribus cabileñas presuntamente aliadas de España, lanzó un ataque sobre todas las líneas españolas.

Igueriben ocupada el 7 de junio ocupaba una posición avanzada en la defensa del campamento de Annual, y guarnecida por 350 hombres al mando del comandante Benítez, no tardó en quedar sitiada. Durante cinco días y a pesar del esfuerzo heroico de tres columnas de refuerzo, los españoles se vieron incapaces de auxiliar la posición. Los defensores de Igueriben que resisten en una situación límite, sin alimentos, sin agua, y hostigados por el calor, la sed y la hediondez de los cadáveres insepultos, se ven obligados a beber “el líquido de las latas de pimientos, después la tinta y finalmente la orina con azúcar”

El día 21 de julio intenta llegar una nueva columna de socorro con un fuerte dispositivo que tras un feroz combate con los rifeños ha de replegarse a Annual con un gran número de bajas. Y ante la absoluta imposibilidad de socorrerlos, se autoriza a la guarnición a evacuar la posición.

Ante esa situación Benítez escribir  «Parece mentira que dejéis morir a vuestros hermanos, a un puñado de españoles que han sabido sacrificarse delante de vosotros». A eso de las dos de la tarde ha digerido la decepción y, consciente ya de su sino, escribe a Silvestre: «Nunca esperé de V. E. recibir orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente pues la oficialidad que integra esta posición conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los oficiales españoles».

No contempla la rendición que podría ser su salvación. Los rifeños solían dejar vivir a los oficiales para exigir un rescate por su liberación pero liquidaban sin piedad a la tropa. Pero Benítez luchará con ellos hasta el final y dirige la última arenga a sus hombres bajo una lluvia de proyectiles.

Son sus últimas palabras. Tras ellas, el comandante empuña su pistola y emerge del parapeto atrayendo la atención de los moros para facilitar la huida de la columna principal, la que carga con los heridos. Los rifeños acribillan al diezmado contingente. Los españoles gritan, corren, disparan y, en último trance, acuchillan. Mueren matando. Benítez también.
 


El 21 de julio de 192, en el inhóspito y accidentado terreno del Rif, el Comandante de infantería Julio Benítez arenga al centenar de hombres que quedan vivos en la guarnición de Igueriben. Se preparan para morir. El teniente Casado Escudero, uno de los pocos supervivientes, refirió que «el comandante dirigió sin descanso la defensa (…), elevando la moral y su figura era admirada por todos los defensores, que desde el primer momento depositaron en él fe ciega por su bizarría»Por su heroica defensa de Igueriben, les fue concedida al Comandante Benítez y al Capitán de la Paz Orduña, la Cruz Laureada de San Fernando.



Sólo llegaron a Annual 25 supervivientes, de los cuales 16 murieron después de agotamiento o por beber demasiada agua.

El enemigo rifeño cobraba su segunda victoria sin posibilidad de contragolpe español.

De inmediato, el mismo día 21 de julio, los rifeños se lanzan contra Annual. Su situación, en el fondo de un valle y la escasez de municiones hacen imposible una defensa prolongada, por lo que tras un consejo de guerra el día 22 a las 4,55 de la madrugada, Silvestre enviaba su último telegrama anunciando su intención de replegarse a Ben Tieb, si le era posible, tras lo cual ordenó retirada general.

Se tomaron disposiciones apresuradas e inconcretas para el orden de salida y repliegue. Pero de manera general, no se siguió ningún orden ni se cumplieron los mínimos requisitos militares de proteger la columna mediante flancos organizados y escalonar la salida. Aunque la retirada comenzó con cierto orden pronto se transformó en una huida caótica, que el teniente coronel Pérez Ortiz, superviviente de este momento describió como “una avalancha humana” donde las unidades se mezclaron atropellándose unas a otras, mientras los que tropezaban y caían eran aplastados por los que seguían corriendo. Los mandos no podían contener a la tropa, cuando no huían ellos los primeros arrancándose los galones. El pánico de unos contagiaba a los otros que tiraban las armas y el equipaje para huir a más velocidad.

Silvestre que permanecía en Annual junto con los jefes y oficiales de su cuartel general, presenciaba atónito la desbandada. Después ya no se supo nada más.

La huida de las tropas continuó hasta Dar Drius sin haberse detenido en ninguna de las posiciones intermedias, ni siquiera en Ben Tieb, lugar elegido en los primeros planes como primera meta de la retirada, aunque en aquella zona ya no se veían hostilizados por el harca atacante. A Dar Drius llegaron los restos de la columna que había salido de Annual y todos los que habían abandonado las posiciones intermedias. Los coroneles Manella y Morales que habían tratado de proteger la retirada con un grupo de infantes fueron abatidos en las trágicas cuestas de Izumar.

En las montañas circundantes de Annual, los puestos de Buy Meyan, Izumar y Yebel Uddia fueron barridos, así como en otros en los que sus guarniciones fueron aniquiladas hasta el último hombre.




Ese mismo día, el 22 de julio, llega desde Melilla a Dar Drius el general Navarro con las últimas fuerzas disponibles que allí había podido encontrar. Tomó el mando e intentó reorganizar las deshechas unidades. Por unas pocas horas pensó en resistir en Dar Drius, ya que este lugar disponía de condiciones para haberse mantenido como línea de defensa “agua ilimitada, víveres abundantes y abundante repuesto de municiones”, sin embargo al día siguiente continuó el repliegue.

Es posible que el general Navarro se percatase de que podía producirse-lo que de hecho ocurrió-un levantamiento general de todas las cabilas de la zona, por lo que convenía retirarse lo antes posible hacia Melilla o hacia alguna posición cercana, donde pudieran mantenerse hasta que llegaran refuerzos. Y así se inicia una nueva fase de la retirada. El día 23 de julio, tras cruzar la llanura de Garet, llegaba hasta Batel.




 

Esta nueva fase de la retirada se produce cuando todo el Rif conoce el descalabro sufrido por el ejército español y las condiciones de su repliegue. La mayoría de las cabilas del territorio ocupado toman las armas y se levantan contra todos los blocaos y posiciones en las que los soldados y sus jefes sucumbieron entre el fuego y las gumías rifeñas, y entre la dignidad de muchos y la cobardía de pocos, entre ellos algunos jefes que no supieron hacer frente a la responsabilidad que la historia ponía ante ellos.

El día 23 de julio comienza un nuevo calvario para las tropas españolas que van retrocediendo bajo la presión del fuego enemigo de posición en posición. Desde El Batel, Tistutin, hasta llegar finalmente a Monte Arruit el 29 de julio, una última etapa tremendamente difícil por la penuria física de la topa y donde entre tanta confusión brilló la heroica actuación del capitán Arenas. (1)

Durante estos días habían sufrido el hambre, la sed, el miedo y la muerte en una tierra que se les había vuelto hostil por los cuatro puntos cardinales, y en la que habían logrado sobrevivir, merced al aguante de algunas unidades que habían mantenido su operatividad, entre las que tiene un lugar de honor el regimiento de Cazadores de Alcántara, cuya caballería, al mando del teniente coronel Primo de Rivera, se convirtió en el sustento de esta retirada.

Un Regimiento que tras 90 años de espera, en al año 2012, recibía la Cruz Laureada de San Fernando por su actuación heroica a lo largo de todas las trágicas jornadas desde el mismo momento en que comenzó la caída del frente de la Comandancia de Melilla y cuya hoja de servicios merece ser recordada.

El Regimiento de “Cazadores de Alcántara”14 de Caballería contaba con cinco escuadrones de sables —jinetes armados con sable y carabina— y un escuadrón de ametralladoras, también a caballo. En total, cerca de 700 jinetes


                     

                         Regimiento Alcántara en formación
 

El 19 de julio, tras fracasar todos los intentos para socorrer la posición de Igueriben, cercada por las harkas de las cabilas sublevadas, el Regimiento “Alcántara” recibe orden de concentrarse en Dar Drius, ya que sus escuadrones se encontraban desplegados en diferentes campamentos. El mando lo ejerce el segundo jefe del Regimiento, teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, ya que el coronel Manella se había hecho cargo de la circunscripción de Annual tres días antes.

El 21 de julio, el escuadrón de ametralladoras participa en el último intento de socorrer la posición de Igueriben. Por la tarde, cae Igueriben y el Regimiento “Alcántara” recibe orden de regresar a Dar Drius —a 35 km, por terreno montañoso—y mantener despejada la ruta, lo que logra a pesar de ser hostigado por las cabilas rebeldes.

El 22 de julio de madrugada recibe la orden de dar seguridad con la ocupación de una posición intermedia que contribuya a mantener despejado el camino entre Dar Drius y Annual. Pero los acontecimientos se precipitan y, cuando están reconociendo la posición, ya se ha iniciado el repliegue de la fuerza de Annual —cerca de 3.000 hombres, el grueso de la Comandancia General de Melilla—. La policía indígena, una de las unidades que cubría los flancos, traiciona a las tropas españolas y dispara contra la columna en retirada, que queda desprotegida y es también acosada por las harkas sublevadas en un terreno muy difícil. El “Alcántara” recibe orden de avanzar hasta el paso de Izumar para proteger la retirada, pero antes de llegar se encuentra con un tropel aterrorizado y confuso ante la consumada traición. Los escuadrones del Regimiento toman posiciones en varias alturas para proteger la retirada y dar tiempo a que las fuerzas de Annual marchen sin presión enemiga.

Tras su paso, el “Alcántara” comienza un repliegue escalonado. Una vez rechazado el enemigo, los jinetes, con sus caballos al paso, van recogiendo a los rezagados que se encuentran heridos o agotados. Cada soldado de caballería lleva en la grupa de su caballo uno o dos soldados de la fuerza de Annual o marcha a pie para transportar heridos sobre su montura. Nada más llegar, sin quitar monturas —por si hay que volver a salir a combatir—, ni dar de beber a los caballos ni comer el personal, el “Alcántara” se encarga de la protección del campamento de Dar Drius.

El 23 de julio fue el más duro para la unidad. A las cuatro de la mañana, se reúnen por última vez los clarines del “Alcántara” para tocar diana. Sus escuadrones realizan diversas salidas para proteger el repliegue de las fuerzas que se retiraban de diversas posiciones próximas —Tafersit, Azib Midar, Ain Kert, Carra Midar, Chaif...—, sobre Dar Drius. En total, cerca de 5.000 compañeros. En estas salidas efectuaron al menos cinco cargas, dos persecuciones al enemigo y un combate pie a tierra durante media hora.





Una de las salidas se realizó para proteger el repliegue desde Chaif. El teniente coronel Primo de Rivera, al frente de 192 jinetes, salió al encuentro de fuerzas muy superiores que trataban de envolver la columna en retirada. Cargó con gran brío y combatió cuerpo a cuerpo diferentes veces, logrando atravesar la línea enemiga, dar la vuelta y atacar por la espalda a los rifeños, haciendo huir al enemigo al que persiguen con fuego a caballo. Por esta acción se le concedería al teniente coronel Primo de Rivera la Laureada individual. (2)

A mediodía, el Regimiento recibe la orden de despejar la carretera a Batel, puesto que un convoy de camiones, que transportaba heridos e impedimenta, está bloqueado al recibir fuego desde unas lomas. El Regimiento sale al completo, articulándose en dos grupos, con una sección de ametralladoras cada uno. Todos se ven obligados a combatir, tanto a pie con fuego de carabina como con cargas al arma blanca, con el apoyo de las ametralladoras.

Las bajas son numerosas pero, una vez conseguido el objetivo, el “Alcántara” da media vuelta y regresa hacia Dar Drius. A unos dos kilómetros de la posición, los jinetes ven que Dar Drius está ardiendo y que ya sale la vanguardia de las fuerzas, una extensa columna de más de 2.500 hombres y casi 300 caballos y mulos, en dirección a Batel. Por ello, los componentes del Regimiento se dirigen hacia Batel, pero esta vez con el propósito de despejar el camino a todo trance, para facilitar el repliegue de las tropas, lo que le va a suponer constantes combates a los flancos de la carretera, pues el enemigo es cada vez más numeroso, al unirse las harkas de cabilas hasta entonces amigas. En el río Igan, el enemigo es muy numeroso y está parapetado en el barranco que forma su cauce, por lo que el “Alcántara”, articulado en dos grupos de escuadrones, se ve obligado a efectuar varias cargas al arma blanca, sufriendo numerosas bajas, entre muertos y heridos.



           Las cargas del rio Igan por Ferrer Dalmau
                 

Tras llegar a Batel, los jinetes del grupo de vanguardia continúan hacia Tistuin, donde el jefe de la posición les ordena que se dirijan a Zeluán, mientras que el segundo grupo queda en Batel y Tistuin.

Al acabar el sábado 23 de julio de 1921, sobreviven solamente 218 cazadores del “Alcántara”, algunos de ellos heridos. Pero el Regimiento, aunque prácticamente deshecho como unidad, aún existe en el espíritu de sus cazadores, que van a seguir luchando —y cayendo en combate—, incluso desmontados; es más, se les va a confiar la defensa de puntos especialmente importantes: a unos la alcazaba y el aeródromo de Zeluán y a otros la puerta de Monte Arruit.


 

Y será Monte Arruit el principio del final. Un punto y aparte en la historia del Desastre de Annual que pondría en peligro a la misma Melilla.





(1) https://www.elmacutodelreservistavoluntario.es/heroes-y-heroinas/el-capitan-arenas-/

(2)https://www.elmacutodelreservistavoluntario.es/heroes-y-heroinas/la-carga-del-regimiento-de-alcantara/

8 de julio de 2021

LA FORJA DE UNA DERROTA

 

“Resistid una noche, una más” es parte de la arenga del capitán de artillería de La Paz, a la que se suma la del comandante al mando, Julio Benítez, en la posición de Igueriben, en Marruecos, un 18 de julio de, hace ahora exactamente un siglo.

 Lo narraría uno de los escasos supervivientes de aquella masacre, el teniente Luis Casado, que junto al comandante Benítez, y los capitanes de La Paz o Bulnes son parte de un destacamento de soldados españoles aislados frente al fuego de las harkas rifeñas marroquíes, en las inmediaciones de Annual. Resisten esperando socorro, pero apenas dos días más tarde, la guarnición de la que deberían de partir sus rescatadores, al mando del general Manuel Fernández Silvestre, son también masacrados en la trágica jornada del 21 de julio. Acaba de comenzar el Desastre de Annual 

Un episodio de nuestra historia al que ninguna institución oficial ha querido rendir justa memoria a lo largo de estos 100 años. Ni siquiera se acomete ahora que se cumple un siglo de una fecha que marcaría el devenir de nuestra historia.

Annual, Dar-Drius, Batel-Tistuin, Monte Arruit, Zeluán y Nador son algunos de los principales hitos del calvario que se inicia en Annual el 21 de julio y culmina el 9 de agosto en Monte Arruit.

Pero la tragedia que sufrió el ejército español en apenas dos semanas, aunque en ningún modo previsible, fue consecuencia de una larga lista de errores políticos y militares. 

Un vistazo precipitado sobre el mapa de la parte oriental del Marruecos español, en mayo de 1921, hubiese inducido al observador  a la creencia, falsa, de que España avanzaba con buen pie hacia la total ocupación del Protectorado. El avance del general Silvestre hacia el oeste de Melilla había sido muy rápido, y en menos de un año y medio había conseguido dominar tanto territorio como el que se había ganado en los doce años precedentes. 

 


 

Sus líneas más avanzadas se extendían de norte a sur, desde Sidi Dris, en el Mediterráneo, por la cadena montañosa que atraviesa Annual, hasta el sur, en Zoco el-Telata de Metalsa. Los puntos de penetración española más avanzados distaban de Melilla unos 130 Kms al oeste.

El 7 de abril de 1921 El Telegrama del Rif predijo que el ejército se hallaría pronto en la bahía de Alhucemas. Un optimismo excesivo a tenor de la realidad a la que se enfrentaban los españoles. El área dominada era escarpada, árida y montañosa, accesible solo por primitivos senderos y mal abastecida de agua. Además, la sumisión de las tribus era más aparente que real. En realidad la zona se hallaba sumida en una hambruna producida por dos años de malas cosechas, y muchos rifeños habían emigrado a Argelia en busca de trabajo, por lo que aquellas tribus no estaban en condiciones de resistir.

Por su parte las condiciones del ejército español dejaban mucho que desear. El Alto Comisario Berenguer había escrito, en febrero de 1921, un extenso informe al Ministro de la Guerra tratando de las deficiencias en los suministros, así como en los servicios de material y sanidad, haciendo también mención del mal uso del crédito. El ministro de la Guerra, Eza, transmitió el informe a las Cortes, añadiendo que la moral era buena, pero que sus condiciones eran pésimas.

Indicó que en el sector de Teffer, cerca de Alcazarquivir, se mantenía de servicio a los soldados, sin descanso, durante meses enteros. Los barracones de Larache y Melilla eran mugrientos, lo mismo que los hospitales en cualquier punto del Protectorado. Las bajas debido a la malaria eran excesivas.

La paga del ejército era muy pequeña y su equipo insuficiente. Apenas existían médicos y hospitales de campaña, y sin embargo, a pesar de ello, el soldado soportaba su vida con fortaleza y combatía bravamente.

Silvestre tenía 25.700 hombres- 20.600 españoles y 5.100 regulares marroquíes-esparcidos por toda esta área en un total de 144 guarniciones, entre destacamentos, blocaos y pequeños fuertes. La guarnición corriente de un blocao se componía de 12 a 20 hombres, sin embargo los puestos de Batel, Dar Drius, Buy Meyan y Annual estaban dotados, cada uno, de una guarnición de 800 hombres o más.

Sin embargo, gran parte de estas posiciones estaba mal situadas estratégicamente y eran difícilmente defendibles ya que estaban rodeadas de elevaciones que las convertían en blanco fácil, y sin amplios espacios abiertos a su alrededor para asegurar la eficacia de la artillería en caso de necesidad, carentes de agua o lejos de las aguadas y sin adecuados caminos para asegurar su pronto socorro o una rápida retirada.


 

El coronel Morales, partidario de la estrategia del avance cauteloso en el Rif, había mantenido reuniones con los Beni Urriagel en los que parecían dispuestos a negociar pacíficamente con los españoles, lo que suponía un avance crucial para llegar a la bahía de Alhucemas. Esta posibilidad alertó a Abd el-Krim, que gozaba de un alto prestigio entre las tribus rifeñas, y que prohibió a los españoles cruzar el río Amerkan.  Sin embargo Silvestre haciendo caso omiso de esta advertencia, cruzó el río y el 1 de junio establece una posición en la colina de Abarrán. Aquella misma tarde nada más retirarse la fuerza de apoyo fue atacada por un harca de rifeños y de los 250 hombres que componían la fuerza, 179 fueron muertos, entre ellos su comandante el capitán Salafranca. Los supervivientes se batieron en retirada volviendo a cruzar el río hasta llegar a Buy Meyan.

El Capitán Salafranca, organizó y dirigió la defensa de Abarrán como Jefe de esta posición, alentando con su ejemplo a las fuerzas que la guarnecían y continuando al frente de ellas después de ser herido, dando ejemplo de valor, abnegación y entereza, ante un enemigo superior en número y medios de combate; a pesar de luchar en condiciones desventajosas la prosiguió con entusiasmo hasta el momento de sufrir otra herida que le ocasionó la muerte. 

 
 El Capitán Salafranca, organizó y dirigió la defensa de Abarrán como Jefe de esta posición, alentando con su ejemplo a las fuerzas que la guarnecían y continuando al frente de ellas después de ser herido, dando ejemplo de valor, abnegación y entereza, ante un enemigo superior en número y medios de combate; a pesar de luchar en condiciones desventajosas la prosiguió con entusiasmo hasta el momento de sufrir otra herida que le ocasionó la muerte.

La caída de Abarrán fue el primer descalabro de las tropas de la comandancia de Melilla desde que el general Silvestre se había hecho cargo de su mando, pero ya anticipaba lo que habría de venir. Según se señaló en el denominado Expediente Picasso “fue un desacierto e impremeditación aventurar el avance de Abarrán, obrando con un exceso de arrojo o ciega confianza”  

Estos hechos fueron interpretados por el mando español, no como el prólogo de lo que había de suceder, sino como un episodio aislado. Esta fue la idea que el general Silvestre transmitió a Berenguer, su superior, en la entrevista que ambos celebraron a bordo del crucero princesa de Asturias, en aguas de Alhucemas el dia 5 de Junio.

A los españoles les pasó desapercibida la potencialidad del contingente rifeño hasta que el 17 de julio de 1921 Abd el-Krim lanzaba un repentino ataque a todas las líneas españolas, al tiempo que Berenguer declaraba al diario madrileño El Sol que el pueblo español podía estar seguro de que la labor de pacificación en Marruecos se realizaba con todo éxito, con solo algunas pérdidas aisladas.

La gran tormenta estaba a punto de estallar.