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25 de febrero de 2015

TETUÁN, UN PUNTAL EN LOS CIMIENTOS DEL PROTECTORADO




En 1912 España que había conseguido el derecho legal de ejercer su protectorado en Marruecos se preparaba para su ocupación y gobierno efectivos.


Con objeto de cumplir los compromisos adquiridos en el convenio, los gobiernos españoles tuvieron que organizar en la zona un entramado político-administrativo de carácter dual que incluyera una renovada administración marroquí –el Majzén jalifiano- y otra española –la Alta Comisaría- que auxiliara e interviniera a las autoridades marroquíes. A grandes rasgos, la acción española era dirigida por un alto comisario, la máxima autoridad en la zona, que estaba asistido por diversas delegaciones encargadas de concretar las políticas sectoriales. Por su parte, la Administración marroquí se estructuraba en torno a un jalifa que gobernaba y administraba por medio de dahíres, y que estaba asistido por el Majzén central, constituido por el gran visiriato y varios ministerios jalifianos


El 27 de febrero de 1913, mediante un Real decreto se establecía la organización del Protectorado, según el cual la Zona debia " quedar dividida como tradicionalmento lo está, en unidades administrativas constituidas por las tribus y por las ciudades con su radio especial de jurisdicción".


Asi pues, las autoridades españolas establecieron la cabila como la célula político-administrativa básica en el ámbito territorial. Cada una de ellas estaría gobernada por un caíd, representante del Majzén nombrado por el jalifa, que ejercería los poderes delegados por éste y que estaría convenientementecontrolado por el interventor. Con la implantción de este sistema, las autoridades españolas intentaban dotarse de un modelo administrativo lo más homogéneo posible que facilitara la clasificación y el control de la sociedad y el dominio del territorio.


El primer Alto Comisario de Marruecos fue el antiguo Comandante de la guarnición de Ceuta, General Felipe Alfau, militar de probado juicio, que había servido en Marruecos durante muchos años


Correspondiendo a las peticiones de los habitantes de Tetuán, incordiados constantemente por el Raisuni, a comiezos de 1913, Alfau marchó desde Ceuta hacia el sur. La estrategia del general, con su avance gradual y bien preparado, hizo que apenas encontraran resistencia , y el 19 de febrero del mismo año, el ejército español entraba en Tetuán.



El Feddán o Plaza de España tal como estaba cuando el General Alfau entró en Tetuán.
En el centro se aprecia la cúpula de la misión franciscana aneja al Consulado de España que se convirtió en Alta Comisaria durante el Protectorado.


El nuevo jalifa, seleccionado por los españoles y debidamente nombrado por el sultán fue Mulay el-Mehdí, que se instaló en 1913 en la ciudad designada como capital del Protectorado,Tetuán. A pesar de su designación la oposición a la ocupación española fue creciente.



El General Alfau, el Coronel Silvestre, el bajá y el consul de España en Larache .
Foto tomada en 1913
  




El propósito de Alfau, a semejanza de la política del mariscal francés Lyautey en el protectorado francés, era una política de penetración pacífica, ganándose la voluntad de las tribus. Sin embargo , esto no fue posible, El Raisuni se preparaba para la guerra y las agresiones y los pequeños incidentes menudearon, de modo que los españoles solo dominaban el terreno que pisaban.



Durante todo el verano de 1913 se produjeron ataques, ante los cuales el Gobierno pidió a Alfau que se mantuviera en actitud defensiva. No obstante, este efectuó varias acciones punitivas con buenos resultados en las que destacaron las Fuerzas Regulares Indígenas.


A efectos administrativos el Protectorado se había dividido en tres Comandancias, la de Ceuta, Melilla y Larache y a cada Comandante General se le otorgó autonomia local excepto en lo concerniente a política general. Y como la situación se enrevesaba mas, las fricciones del Alto Comisionado con el Comandante general de Ceuta, obligaron al digno Alfau a presentar la dimisión ante el Gobierno.


Su sustituto fue el teniente general Marina, veterano de la campaña de 1909 y amplio conocedor del problema marroquí, que si bien no acababa de comenzar, se instalaría para quedarse en aquellas áridas tierras de nuestro recién estrenado Protectorado.


http://www.lavanguardia.com/magazine/20131115/54394059746/historia-reportaje-magazine-17-noviembre-2013-marruecos.html
  












26 de enero de 2015

EL PROTECTORADO ESPAÑOL, ENTRE EL HUESO DEL YEBALA Y LA ESPINA DEL RIF.

El 30 de marzo de 1912, bajo una fuerte presión por parte de los franceses, el sultán Hafiz estampaba su firma sobre el Tratado de Fez, con lo que rubricaba el fin de la independencia de su país y concedia a Francia el protectorado legal sobre Marruecos. El distinguido administrador colonial Hubert Lyautey, fue nombrado primer Residente General en abril de 1912.

El 17 de julio de 1912, Mulay Hafiz, abdicó el trono de Marruecos en favor de su hermano Yusuf. Y en noviembre, Francia firmaba en Madrid una entente con España, quedando publicamente definidas sus respectivas esferas de autoridad en el país marroquí.

El embajador de Francia en España firmando el acuerdo francoespañol el 27-11-1912


El nuevo protectorado español iba a ser modelado según el francés. Se garantizaba la conservación de la autoridad civil y religiosa del sultán sobre la población marroquí de la zona española, pero la Administración iba a delegarse en un jalifa , quién sería el representante del sultán en el Marruecos español.

El Tratado de Madrid no se cerró sin agrios altercados entre las respectivas delegaciones. Al final, tal como lo explica el historiador Azpeitua "el rico bocado de Taza, los fértiles campos de Werga y las riquezas de las llanuras del Garb, se fueron perdiendo en sucesivos tratados y España se quedó con el hueso del Yebala y la espina del Rif".

Límites geográficos del Protectorado español

El tratado francoespañol de noviembre de 1912 había dado a España el dominio sobre un rectángulo dentado de tierra que se extendía desde el Oceáno Atlántico, al oeste, hasta el rio Muluya lindante con la frontera argelina, al este, y desde el Mar mediterráneo, al norte, hasta una línea irregular situada a unos cuarenta kms al norte del rio Werga, por el sur.

El terreno estaba compuesto,en su mayor parte, de montes abruptos que se erguían desde el litoral mediterráneo para ir decreciendo en una serie de valles hacia el sur. La aridez del país es extrema, si bien en medio de las rocosas cañadas corretean algunos riachuelos. El clima oscila entre extremos rigurosos: el verano es una estación de calor sofocante, sin apenas ninguna precipitación y el invierno, en cambio, es la época de las lluvis y temperaturas heladas.

En l912 la población indígena se estimaba en 760.000 habitantes, en su inmensa mayoria beréberes, organizados en tribus(cabilas). Los cinco territorios en que dividieron el Protectorado los españoles son :el Yebala, el de Lucus,  el Gómara, el Rif y el Kert, poblados en total por 66 cabilas.

Entre todas las tribus las del Rif han sido siempre las más fuertes y, entre los rifeños, los Beni Urriagel, los más numerosos y belicosos.De ellos se han dicho "son la gente más intratable de la tierra" y como decía David Hart, el rifeño sabe que su tierra es pobre e improductiva, pero no quiere que nadie más la posea".

Organización territorial del protectorado

Aunque superados en número o vencidos temporalmente, los beréberes del Rif no habían sido nunca sometidos antes de la época del Protectorado español. En general los rifeños son espartanos, pobres, sobrios, austeros, rápidos de reflejos y tremendamente duros y orgullosos de su invertebrada independencia. Un proverbio norteafricano afirma que el tunecino es una mujer, el argelino un hombre y el marroquí un león". Se podría añadir que el beréber marroquí es un león de ferocidad singular. He aquí la gente con quin España y, más tarde, Francia, tuvieron que tratar, sin duda, un enemigo formidable. 

                                                                            

22 de enero de 2015

SILVESTRE Y EL RAISUNI, UN BINOMIO CONTROVERTIDO EN LOS ALBORES DEL PROTECTORADO

Durante el periodo posterior a 1909 en la zona occidental del Norte de África ocurrieron algunos hechos significativos a nivel político y diplomático.

Los acuerdos de Algeciras de 1906 habían dejado el problema marroquí en unas competencias ambiguas entre los gobiernos de España, Francia y Marruecos.

Los franceses aprovecharon con astucia la inestabilidad reinante en el imperio de Marruecos y la tibieza española para intervenir cada vez más activamente en la política marroquí, llegando a tomar la ciudad de Fez el 20 de mayo de 1911. Esa circunstancia y las noticias alarmantes sobre movimientos de las tropas coloniales francesas entorno a Alcazarquivir, impulsaron al gobierno de Canalejas a intervenir militarmente en la zona.

El 8 de junio llegaron a Larache tras compañías de infantes de marina al mando del teniente coronel Dueñas, y el crucero Cataluña, que al día siguiente junto a dos secciones del tabor de Larache,


Policia indígena del Tabo rde Larache
al mando del capitán Ovilo y Castelo, emprendieron una dificultosa marcha hacia Alcazarquivir ocupando la ciudad el día 10, sin una sola baja.

Al conocerse la ocupación de las dos ciudades por parte de los españoles tanto el gobierno francés como el Sultán protestaron airadamente.España, notificó a todas las potencias signatarias del Acta de Algeciras que había desembarcado tropas en la costa atlántica de Marruecos. Aquel anuncio desencadenó una tormentosa reacción en Francia y España replicó que la creciente anarquía en la zona le había obligado a actuar rápidamente.

Alemania escaldada por su fracaso en la Conferencia de Algeciras, y viendo el cariz que tomaban los acontecimientos soliviantó al gobierno germano que el 1 de julio ancló el cañonero Panther en el puerto de Agadir, con el pretexto de salvaguardar los intereses de los súbditos alemanes. Al tiempo que el gobierno del Kaiser reclamaba sus derechos como franceses y españoles. Pero Alemania se topó con la oposición tajante de Inglaterra.


El golpe de efecto de Alemania

Tras largas negociaciones, la crisis se cerró el 4 de Noviembre mediante un acuerdo por el que el pais germano dejaba libertad de acción a Francia en Marruecos a cambio de concesiones en el Congo.  El gobierno español que se enteró de este acuerdo dos días después, no se adhirió a él y comenzaron entonces unas laboriosas negociaciones que desembocaron en tratado hispano-francés del 14 de noviembre de 1912, en el que se delimitaban definitivamente los límites del Protectorado.

Volviendo sobre nuestros pasos nos situamos en Alcazarquivir, recien tomada por las fuerzas españolas. La situación en este sector Larache-Alcazarquivir  era muy inestable, y a todas luces era indispensable colocar al frente a un hombre fuerte, que diese la talla y con probada experiencia en asuntos marroquies, y la elección cayó sobre el teniente coronel Silvestre, destacado militar procedente del Arma de Caballería, que desembarcó del acorazado España, procedente de Casablanca; desde este mismo momento Silvestre estableció contacto con el jerife Sidi Mohamed Raisuni, Bajá de Arcila, todo un personaje que disputaba el poder al propio Sultán,cuya autoridad en si misma estaba muy debilitada, y que colaboró con el militar español en beneficio de sus propios intereses, que pasaban por empujar fuera a Francia, contra quien el Raisuni sentía verdadera adversión.

Manuel Fernández Silvestre
El Raisuni



Sobre este binomio planearon encuentros y desencuentros. Dos fuertes personalidades, con proyectos diferentes, que en ocasiones se daban una mano a sabiendas que con la otra podían recibir un golpe.


En principio las relaciones con el Bajá de Arcila atravesaron un periodo inmejorable. A principios de 1912, Silvestre fue ascendido a coronel y comenzó a darse cuenta que el Raisuni era la verdadera autoridad en el Yebala,y teniendo en cuenta que el establecimiento del Protectorado español estaba en marcha, recomendó a sus superiores la elección del jerife como primer jalifa de la zona española.Pero a pesar de aquella recomendación, que repitió en agosto, los sentimientos de Silvestre hacia el Raisuni eran imprecisos, ya que el despotismo y el abuso de poder del que hacia gala le exasperaban. No tardó en presentarse la ocasión de enfrentarse. Harto de los abusivos impuestos que el jerife recaudaba en las cabilas bajo su control y que daban lugar a fricciones y enfrentamientos entre los indigenas, Silvestre al mando de un destacamento de sus tropas, hizo fuego sobre alguno de los recaudadores de aquel; el fuego cruzado produjo bajas en los dos bandos.

El Raisuni contrariado, acudió a quejarse al representante del gobierno español en Tánger, el cónsul Zugarti, que reprendió a Silvestre y ordenó la colaboración con el Bajá. La pugna entre los dos personajes llevó a tensiones que tuvo que frenar la diplomacia, hasta que la cuerda se rompió y el Raisuni se declaró en rebeldía y marchó con sus tropas a su feudo de Tazarut, en el corazón de las montañas de Beni Aros.

Antes de su partida Raisuni explicó de esta manera su posición a Silvestre: " Tú y yo formamos la tempestad. Tú eres el viento furioso; yo, el mar en calma. Tú llegas y soplas violentamente. Yo me alboroto y empiezo a escupir montañas de espuma. Ya tenemos la gran tormenta. Pero, entre tú y yo hay una diferencia. Yo, como el mar, nunca abandono mi lugar, mientras que tú, como el viento, no estás nunca en el tuyo." 

El tiempo nos mostró que los vientos no fueron favorables para ninguno de los dos.

                             


 
Así empezó a tomar forma el Protectorado español a fines de 1912, en una atmósfera de acuerdos llenos de incertidumbre.


15 de octubre de 2014

EL KERT, UN RIO EN EL CAMINO DEL RIF


Tras la campaña de 1909, la situación política de la región del Rif presentaba un mejor cariz, especialmente en las inmediaciones de Melilla. Las sumisiones de los jefes y caides de las cabilas circundantes a la plaza continuaron produciéndose, entre ellas  la del jefe de la cabila de Beni Sicar, Abd el Kader, moro prestigioso que había luchado contra las tropas españolas en Taxdirt y que en enero de 1910 hizo acto de sumisión ante el general Marina.

La actividad militar quedó reducida a frecuentes recorridos por la zona dominada para transmitir sensación de autoridad y seguridad en las cabilas sometidas y a la ocupación de nuevos puestos de defensa para la mejora de las comunicaciones entre las posiciones avanzadas. Se realizaron así mismo, levantamiento de planos y croquis para un mejor conocimiento del terreno, cuya ignorancia fue la causa del desastre del Barranco del Lobo.

Paralelamente se otorgó un nuevo status de carácter militar a la plaza de Melilla convirtiéndola en Capitanía General y asignándola una dotación permanente.

Por su parte, el general Marina intentó favorecer el comercio entre la plaza y sus  alrededores, a fin de estrechar los lazos con la población indígena. Esta misma política la aplicó en aquellas plazas de soberanía españolas situadas en la bahía de Alhucemas (Peñón de Vélez y Peñón de Alhucemas), en su relación con las cabilas cercanas (Beni Urriagel y Bocoya)

Los logros de esta política conciliadora culminaron con la visita de Alfonso XIII a Melilla, realizada en enero de 1911, a la que el monarca acudió acompañado de los miembros más representativos de su gobierno. El rey visitó, en medio del entusiasmo popular, los distintos rincones de la ciudad y los lugares en que habían tenido lugar los principales acontecimientos de la campaña de 1909, recibiendo presentes de varios cadíes y jefes de cabilas. El viaje del rey, por otra parte, venía a demostrar a los ojos del país, el interés del monarca y su Gobierno  por las cuestiones marroquíes, a la vez que suponía consiguientemente un llamamiento a la opinión nacional a favor de la empresa africana. El 14 de enero de 1911,Alfonso XIII embarcó de nuevo hacia la Península expresando sus mejores deseos para la paz y el progreso de la zona de influencia española.

Sin embargo, la realidad venía a ser más inquietante que los deseos del monarca. Las tribus del Rif, habituadas a no reconocer ninguna presencia extranjera, aumentaron sus agresiones sobre las posiciones avanzadas españolas, a la vez que incitaban a la rebelión a las cabilas situadas tras ellas. En este contexto aparece la figura de el Mizzián, un caudillo que reafirmó los lazos y la unión entre las cabilas, pregonero incansable de la jihad contra el invasor y que reunió a un verdadero ejército que lanzaban expediciones armadas (harkas) contra los españoles, haciendo más peligrosa la situación.

                                                             
Mohamed Amizian "El Mizzian"
                      

A su vez los españoles desarrollaban una intensa campaña política entre los notables rifeños, comprando lealtades y tejiendo las alianzas suficientes que les permitieran en un futuro imponer su influencia en el territorio.

El alcance de la acción política entre las cabilas limítrofes a las posiciones avanzadas españolas se veía constantemente reducido por la acción de las harkas rifeñas, que creaban un estado de inseguridad constante en los límites del avance español.

 A lo largo de 1911 los paseos militares de las tropas se habían extendido hasta ocupar posiciones bastante alejadas de Melilla, como el Zaio (cerca del límite con la zona francesa, en la cabila de Ulad Setut), Ras Medua, Tauriat Zag (posiciones envolventes a lotro lado del Gurugú. en dirección al río Kert) o Segangán (cerca de las minas de Beni Bu Ifrur).

 Los motivos de dichas ocupaciones se debían sobre todo a las peticiones de protección de las cabilas amenazadas por las incursiones rebeldes, aunque algunas de ellas tenian por objeto pacificar el territorio cercano a las minas para facilitar su explotación o, simplemente, expandir la autoridad militar española a lo largo de la zona de influencia (especialmente la posición del Zaio, ocupada para “marcar” la frontera española ante la zona francesa).


Tauriat-Zag

Tauriat-Zag


En el límite de esas posiciones avanzadas se desarrollarían los sucesos que darían lugar a la campaña de 1911-1912, conocida como la campaña del Kert.

En agosto de 1911 una Comisión Geográfica del Estado Mayor del Ejército levantaba planos en la zona próxima al río Kert, en el mismo extremo de las posiciones avanzadas españolas en la cabila de Beni Sidel. Allí fueron objeto de una agresión en la que murieron 4 soldados, viéndose obligada la restante-fuerza a replegarse sobre la posición de Tauriat Zag. Desde esa posición y desde otras vecinas se inició una operación de castigo que llevó a las tropas españolas hasta el río Kert a finales del mes de agosto.

La estabilización de posiciones en ambas orillas del río y la impetuosidad creciente de las harkas enemigas, pertenecientes en su mayoría a las cabilas más cercanas al Rif, convencieron al general García Aldave, sustituto del general Marina, de la necesidad de solicitar al Gobierno de la Nación el envío de nuevas tropas. Accedió a ello el Gobierno Canalejas, afrontando de nuevo la impopularidad que su decisión causó en ciertos sectores de la opinión pública La huelga general revolucionaria convocada con motivo de los nuevos envíos de soldados, y los asesinatos de diversos personajes públicos a lo largo de los meses de mayo a septiembre de 1911 provocarían que el gobierno Canalejas adoptara medidas de excepción en Bilbao y en Valencia,y finalmente decretara la suspensión de las garantías constitucionales en toda España (RO. del 19 de septiembre de 1911).

La campaña del Kert, así iniciada, pretendía llevar el dominio español hasta los límites marcados por el río Kert, situado a unos 20 kilómetros de Melilla. La estabilización del frente de contacto y los continuos y sucesivos avances y retrocesos entre una ribera y otra del río diferenciaron esta campaña de la de 1909, en la que los avances resultaron más francos y la combatitividad del enemigo menor. En la campaña del Kert se pudo apreciar con claridad que a medida que las tropas españolas se adentraban en las inmediaciones del corazón del Rif, la hostilidad del enemigo era más crecida, y su resistencia más decidida. La posesión de dos enclaves cercanos al río –la posición de de Ishafen al norte y la de Imarufen al sur- centraron buena parte de la campaña, siendo objetivo prioritario del enemigo conquistarlos y de las tropas españolas mantenerlos. La cooperación de la Armada, que desde el litoral bombardeó los poblados indígenas a retaguardia de la zona de contacto, se dejó sentir eficazmente para las fuerzas avanzadas, que pudieron atravesar en varias ocasiones el río aunque la acometividad del enemigo les obligara siempre a repasarlo.

Sin embargo, no era tan sólo el dominio de la línea del Kert el objetivo de la campaña. Consciente el Gobierno y las autoridades militares del territorio de que el germen de la rebelión se encontraba en las montañas del Rif, especialmente en la cabila de Beni Urriagel. se preparó un plan de desembarco en la bahía de Alhucemas -en el litoral de dicha cabila-, con el fin de iniciar desde allí un avance de castigo hacia el interior y atrapar al enemigo entre dos frentes.

Tal proyecto no pudo llevarse a cabo finalmente. El estado del mar en época tan avanzada del año y la preparación del enemigo para la defensa, aplazaron su realización indefinidamente, reduciendo la  campaña a los límites establecidos en torno al río Kert.

El fin de los combates llega con la muerte el día 15 de mayo en una escaramuza con los Regulares, del líder rifeño Mohamed Amezian el Sherif  “ El Mizzian” que "era el hombre en que se encarnaba la necesidad de unidad y el espíritu ofensivo de las tribus". Con su desaparición los rifeños perdieron no sólo a su jefe, sino también el nexo imprescindible que garantizaba el equilibrio de componentes tan heterogéneos. La unidad de las cabilas estaba fundamentada en el consenso y el prestigio que emanaba del jerife, sin él, el movimiento, ahora acéfalo, se descompuso, y la lucha que hubiera podido durar mucho tiempo aún, finalizó.


Pero tampoco esta vez el gobierno y el ejército españoles supieron aprovechar la teórica ventaja que suponía la desintegración de las harkas rifeñas, desorientadas por la pérdida de su jefe, y frenaron bruscamente todas las operaciones y los españoles se afanaron en firmar un acuerdo de paz con los jefes de las diversas cabilas, que pusiera fin momentáneo a los combates. El territorio efectivamente ocupado alrededor de Melilla era el doble respecto al de 1909, un rosario de posiciones paralelas al río, , pero más allá del río Kert, el Rif (la mayor parte) continuaba libre.





Por primera vez se habían empleado en campaña unidades de Regulares, compuestas por tropas indígenas al mando de oficiales españoles, y también por vez primera la Armada había tenido un papel destacado en la misma.





TENIENTE DE CABALLERÍA
 D. JAIME SAMANIEGO Y MARTINEZ FORTÚN
(PRIMER CABALLERO LAUREADO DE SAN FERNANDO
PERTENECIENTE A LAS FUERZAS REGULARES INDÍGENAS 
CONDECORADO EN LAS CAMPAÑAS DE MARRUECOS)

R.O. de 6 de Abril  de 1916 (D.O. 81, de 7 de Abril de 1916)
Poblado Haddu Al-lal U Kaddur (Melilla) 15 de Mayo de 1912

    ENTERRADO EN PANTEÓN DE HÉROES F4-Nº 1


El día 15 de Mayo de 1912, en el poblado de Haddu Al-lal u Kaddur, al suroeste de Melilla, el Teniente de Caballería Don Jaime Samaniego y Martínez Fortún, nacido en Valladolid el 29 de agosto de 1883, muere heroicamente en combate al mando de su sección del 3º escuadrón de las Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla. 

Tras ser herido gravemente en la boca, continuó dando pruebas de sereno valor cargando al frente de su unidad contra harqueños rebeldes, hasta que una segunda herida, en el corazón, acabó con su vida. Como consecuencia de esta acción fue abatido El Mizzian, destacado cabecilla rifeño de la revuelta. Con esta operación se dio por finalizada la denominada campaña del Kert. 

El Teniente Samaniego perteneció a la Promoción de 1906 del Arma de Caballería, tan sólo hacía dos meses que se había incorporado a las Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla, tras su anterior destino en el Regimiento de Caballería Alcántara nº 14. 

Por una Real Orden de 6 de abril de 1916, S.M. el Rey Alfonso XIII le concedió la Cruz Laureada de San Fernando, así como el ascenso a Capitán a título póstumo, pasando a ser el primer Regular distinguido con esta condecoración.
         

sepultura del Teniente Samaniego en el Panteón de Héroes del Cementerio de Melilla

16 de mayo de 2014

LA NECESIDAD SE CONVIRTIÓ EN VIRTUD AL PASO DE LOS REGULARES

     
        Con el sometimiento a España de las cabilas de Gelaya y Quebdana en noviembre de 1909 y en enero de 1910 la del cabecilla Abd-el-Kader, se consideró concluida la campaña de 1909, una noticia muy esperada por la opinión pública especialmente sensibilizada por esta impopular guerra.

        Se estableció como límite de la zona oriental el rio Kert, y el 1 de Junio de 1910 se crea la Capitanía General de Melilla que a partir de octubre quedó al mando del General García Aldave cuyo principal escollo tuvo un nombre propio, EL Mizzian.

        En la zona occidental el general Alfau ocupa una serie de posiciones en la línea exterior de Ceuta y lleva a cabo una política de acercamiento a las cabilas próximas a Ceuta y Tetuán. En mayo de 1911 se ocupa Tetuán y en junio Larache y Alcazarquivir, haciéndose cargo del mando de las fuerzas el teniente coronel D. Manuel Fernández Silvestre, que inicia una política de acercamiento y de amor-odio con el cabecilla Al Raisuni.

        En este contexto histórico el 30 de junio de 1911 se crean las Fuerzas Regulares Indígenas. El mando y organización de esta fuerza corrió a cargo del prestigioso teniente coronel Dámaso Berenguer y Fusté, y el lugar elegido para el adiestramiento de esta unidad fue la ciudad de Melilla.

Teniente coronel Dámaso Berenguer


 La experiencia de las tres guerras africanas que habían tenido lugar hasta este momento, demostró que el modelo de “ejército expedicionario” no era el medio más adecuado para resolver el problema de Marruecos.

 El Ejército español estaba concebido para intervenir en una guerra convencional en Europa, para enfrentarse con unidades de características similares a las suyas en batallas y combates en campo abierto en las que predominara el despliegue y la maniobra. Pero la realidad es que al llegar a tierras africanas se enfrentaban a una situación muy distinta a la prevista.

 En ninguna de las campañas marroquíes anteriores a la del Kert en 1911 se emplearon indígenas en las operaciones y tan solo algunos “moros amigos” actuaron como guías, por lo que no se dispuso de un servicio de información adecuado que proporcionara la necesaria inteligencia y supliera el profundo desconocimiento del terreno y la carencia de cartografía. Por otra parte, el envío de unidades peninsulares nutridas por soldados de reemplazo y reservistas a una guerra no bien entendida, provocó serias alteraciones del orden público y la hizo enormemente impopular, situación que empeoró con el elevado número de bajas.

       Todo ello llevó a la conclusión de que en el problema marroquí era necesario utilizar fuerzas integradas por personal indígena, conocedoras del país, su terreno y sus habitantes, de sus formas de combatir, e implicarlos en el proceso de organización y pacificación, lo que redundaría en un menor empleo de fuerzas expedicionarias y la consiguiente reducción de bajas de soldados españoles. Esta fue la motivación que dio lugar al primer batallón indígena (tabor) con una fuerza de cuatro compañías (mías) de infantería y un escuadrón de caballería.

       Este nuevo modelo de reclutamiento que ya empleaban otras potencias coloniales con mucho éxito, el reclutamiento de personal indígena sobre el propio teatro de operaciones ya contaba en España con alguna experiencia anterior como los “Moros de Paz o Mogataces” en la conquista de Orán en 1509, los “Moros Tiradores del Rif” creados en Melilla en 1859 y la “Milicia Voluntaria de Ceuta” de 1887. La reglamentación establecida para esta última fue la verdadera base sobre la que se crearon los Regulares. Este personal iba a constituir el nuevo ejército colonial español de carácter totalmente profesional.

      De esta manera se crearon unas nuevas unidades profesionales, especialmente diseñadas para ser empleadas en la extrema vanguardia como fuerzas de choque y formadas por personal indígena que, a las órdenes de cuadros de mando españoles, fueron equipadas e instruidas para combatir en ambientes para los que estaban bien preparados y conocían a la perfección, su propio territorio.


Primeros Regulares de 1911
Algunas de estas unidades se formaban para campañas o acciones concretas en el tiempo y el espacio y una vez finalizadas se desmovilizaban, recibiendo el nombre de fuerzas “irregulares” (las más conocidas son las Harcas) y otras, por el contrario, se constituyeron de forma permanente conociéndose, en contraposición a aquellas, con el nombre de fuerzas “regulares”. De aquí el nombre oficial de “Fuerzas Regulares Indígenas” que se constituirían inicialmente en un Batallón de Infantería con cuatro Compañías y un Escuadrón de Caballería con plantilla, instrucción y armamento similares a los de las unidades peninsulares, con personal de tropa principalmente indígena y mandadas por oficiales y suboficiales inicialmente españoles (más tarde también se encuadrarían entre sus filas oficiales indígenas).

     No podríamos hablar de las particularidades de los Regulares sin conocer los pilares fundamentales sobre los que se basa su creación. Estos no fueron otros que las directrices emanadas del propio fundador: impregnar a todos los actos castrenses de una severa disciplina, exigiéndola a todos por igual (cuadros de mando y tropa), imponiendo a su vez una instrucción intensa e infundiendo un trato cercano con los subordinados, comprendiendo las costumbres y manera de ser del indígena e inculcándoles un estricto sentido del deber. El ejemplo de los oficiales sería pieza clave para el buen desarrollo y funcionamiento de esta joven unidad experimental. El puesto de combate de esta unidad era la extrema vanguardia y el destino a estas fuerzas se hacía por elección. El propio Berenguer eligió a los oficiales con los que quería contar para esta atrevida aventura, fomentando entre ellos que para poder mandar bien al soldado indígena y saber aprovechar las cualidades innatas del mismo, era preciso convivir con él, conocerlo a fondo, indagar en sus costumbres, superar el problema del idioma, darle una uniformidad propia y ganárselos con el ejemplo.

       Las condiciones para la tropa eran las siguientes; ser indígena natural de Marruecos, aunque hubo muchos de origen argelino (refugiados “sin cabila” viviendo cerca de Melilla), estar dispuesto a servir indistintamente en la zona oriental del protectorado o de Melilla o en la zona occidental o de Ceuta y firmar un contrato de uno, dos o tres años. Tras el contrato inicial firmaban un reenganche indefinido al que se podía renunciar por ambas partes.

Tropas de Regulares

 Por la particularidad que supone, queremos hacer una breve reseña a los “oficiales moros”. Con este nombre se conocía a los indígenas que, por méritos propios, alcanzaban las estrellas de oficial y solo estaban autorizados a servir en las tropas indígenas. La figura del oficial moro de 2ª (Alférez) fue creada en 1909, más tarde se autorizó a que pudieran llegar a oficial moro de 1ª (Teniente) y finalmente a Capitán moro. Para optar a ser oficial, el indígena debía contar con ocho años de servicio en filas, los tres últimos en el empleo de Sargento, tener una conducta intachable, demostrar su amor a España y superar un examen de nivel.

        A los Regulares se les dotó de cierta “fantasía” en el vestuario, incorporando prendas tradicionales del campesino rifeño y bereber, enriquecidas con vistosos decorados de brillantes colores que les conferían exotismo y singularidad y que hoy conservan. Con la adecuada combinación de todos estos elementos y particularidades, Dámaso Berenguer lograría que los Regulares, en muy poco tiempo, se convirtieran en la unidad de élite del Ejército Español en Marruecos.

      El característico emblema de los Regulares consta de una media luna propia de las tropas indígenas, dos fusiles cruzados indicativos de las unidades de infantería, dos lanzas cruzadas indicativas de las unidades de caballería (en el origen la unidad era mixta con tropas de Infantería y de Caballería), la corona real dada su creación por Real Orden del Rey Alfonso XIII (fue sustituida por la corona mural en la república y suprimida en época de Franco)




      El territorio de la Yebala, en la zona occidental del protectorado, durante la segunda década del siglo XX fue un campo de batalla donde se cubrieron de gloria las distintas tropas indígenas que entraron en combate: la Brigada Provisional que mandaba el general Berenguer y de la que formaban parte los Regulares, la Milicia Voluntaria de Ceuta, la Policía Indígena, la Policía Xerifiana y las Fuerzas Auxiliares.

       Demostrada su idoneidad para combatir en este tipo de operaciones y sobre este terreno, el Mando sintió la necesidad de reorganizar dichas tropas tan variadas y unificarlas en todo el protectorado. Es por ello que por Real Orden de 31 de julio de 1.914 se organizan en; Fuerzas Regulares, Policía, Fuerzas Auxiliares Irregulares y Mehal-las. Se crean los cuatro primeros Grupos (equivalente a Regimiento) de Fuerzas Regulares Indígenas, compuestos cada uno de ellos por dos Tábores (Batallones) de Infantería, de tres Compañías, y un Tábor de Caballería, de tres Escuadrones. Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla Nº 1 que en 1.916, se convertiría en Tetuán Nº 1, GFRI Melilla Nº 2, GFRI Ceuta Nº 3 y GFRI Larache Nº 4. El GFRI Alhucemas Nº 5, posteriormente la unidad más condecorada del ejército, considerado uno de los Grupos históricos, tuvo que esperar hasta 1922 para su creación.



       Para dar mayor cohesión a las unidades, se estableció su constitución con un núcleo de personal europeo del 50% en los suboficiales y del 20% en la tropa. Desde su creación, las unidades de Regulares participaron en todas las campañas que se desarrollaron en el protectorado entre 1911 y 1927 con brillantes actuaciones que les hicieron merecedores de una bien ganada fama.

       Las tropas indígenas no tenían derecho a poseer bandera propia, pero por su comportamiento en combate, los Grupos de Regulares, uno a uno, fueron ganándose ese derecho en el campo de batalla. Se daba la paradoja que, habiendo ganado la primera medalla militar colectiva, no tenían bandera propia donde colocarla. El GFRI Nº 3 fue el primero en conseguirla en 1921, pocos meses después es el GFRI Nº 4, el GFRI Nº 1 en 1922, el GFRI Nº 2 en 1923 y el GFRI Nº 5 en 1925. Los regulares se habían ganado el derecho al uso de la bandera nacional por sus acciones en combate frente al enemigo.

       A lo largo de sus cien años y con su participación en todas las campañas, las Fuerzas Regulares han conseguido ser las unidades más condecoradas del ejército español, contando con un total de 18 Cruces Laureadas de San Fernando (colectivas) y 61 Medallas Militares (colectivas), y sus componentes de forma individual 55 Cruces Laureadas de San Fernando y 208 Medallas Militares, todo ello a costa de un extraordinario comportamiento en combate y pagando el altísimo precio de sus más de 80.000 bajas.

       Los Grupos de Fuerzas Regulares Indígenas fueron un ejemplo de creación de un ejército profesional en otra época y con otra misión. El propósito que originó su creación se cumplió sin lugar a dudas y lo corroboran las condecoraciones obtenidas por estas fuerzas, que son muestra de su éxito. Se decía que el soldado regular valía por tres soldados; el propio regular, el español de reemplazo que se ahorraba y el enemigo que se quitaba. Marruecos, Guerra civil, Ifni y más recientemente Kosovo, Bosnia o el Líbano son los teatros de operaciones en los que han actuado las unidades de Regulares a lo largo de su historia, adquiriendo una gran experiencia que han ido demostrando con su buen hacer a lo largo de ese tiempo y adaptándose a los lógicos cambios en las técnicas, tácticas y procedimientos de actuación, así como a los del equipo individual, material y armamento.

       Regulares mantiene una misión permanente en punta de vanguardia, al constituir la guarnición principal del Peñón de Vélez de la Gomera.

       El actual soldado regular es cualificado, duro, resistente, ágil y disciplinado y está en condiciones de ser empleado, como en el pasado, en el lugar y momento que el Mando considere oportuno, con la total seguridad que como hicieron sus antecesores sabrán responder a la llamada, con cohesión y una sólida base moral, esencia de los Regulares de ayer y de hoy .

                                                                                                                                                             

29 de septiembre de 2013

LA TOMA DEL GURUGÚ: EL VALOR DE UNA CONQUISTA SOÑADA POR MELILLA



El Desastre del Barranco del Lobo tuvo una honda repercusión en la sociedad española, cuyas clases sociales más modestas veían con impotencia como se seguía derramando su sangre más joven en tierras africanas, en una herida siempre abierta.

Al día siguiente de aquel fatídico 27 de julio en el que España lloró el conocido como Desastre del Barranco del Lobo, el Consejo de Ministros aprobaba un nuevo envío de tropas de refuerzo, y la supresión de la injusta redención a metálico, por la que el que pagaba no iba a la guerra, y por la que consecuentemente solo los pobres acudían a África.

Durante todo agosto y primeros días de septiembre de 1909 se acumuló un poderoso contingente militar en Melilla para acabar con los continuos ataques kabileños que se sucedían en contra de la ciudad. Y para reforzar su seguridad el mando decide que es preciso dominar el macizo del Gurugú, al que por su posición la ciudad queda inapelablemente sometida. Se descartó un ataque directo, y se decidió someterlo rodeándolo. La madrugada del día 20 de septiembre comenzaban los estampidos de la artillería que batían riscos y vaguadas.

Una posición artillera española castiga las defensas de los rifeños en el Gurugú


La División de Cazadores del General Tovar llevaba el peso de las operaciones, mientras que la División de Álvarez de Sotomayor quedaba de reserva en Rostogordo y 6 Compañías y tres Baterías a las órdenes de Del Real servían de enlace entre las dos Divisiones. 

Comienzan a moverse entre dos luces hostigados por los rifeños a lo largo de diferentes posiciones, Tawrit, Zoco-el-Had y Taxdir. En esta última posición tuvo lugar un impresionante hecho de armas de la Caballería española, “las tres cargas de Cavalcanti” también conocido como “la carga de Taxdir”. El General Tovar ordena a su ayudante, Teniente Coronel Cavalcanti que asuma el mando del 4º Escuadrón Alfonso XII y apoye a los de Tarifa que están relevando en la línea a los de Cataluña que después de cuatro horas de lucha ininterrumpida tienen que municionar; había que taponar este peligroso boquete y para ello Cavalcanti sitúa a los 65 jinetes a cubierto en un cañaveral y, después de evaluar la situación advierte a  los del Tarifa que va a cargar.

 Acomete al enemigo por sorpresa y en tres frentes y consigue desbandarlo. Con 40 jinetes vuelve a cargar a otro núcleo de unos 1.500 harqueños que esperan en una elevación frente a Tamsyut, haciéndolos retroceder y, por último con solo 20 jinetes, vuelve hacerlo contra varios grupos dispersos del enemigo. Repliega las bajas al cañaveral y en combate pie a tierra, aguanta el contraataque enemigo hasta que son auxiliados por la infantería. Sus bajas fueron el 37% de la fuerza, por lo que según el Reglamento se tuvo a bien concederle la corbata de la orden de San Fernando al Regimiento de Cazadores de Alfonso XII, 21º de Caballería, y por tan brillante acción, al teniente coronel José Cavalcanti se le concedió la Cruz de 2ª clase de la Orden de San Fernando el 14 de febrero de 1910.

La carga de Taxdir de Augusto Ferrer-Dalmau

                 
               
Tan solo dos días después, el día 22 cae la localidad de Zoco-el-Had-Beni Sicar ante las tropas del general Sotomayor y el Hidum ante las de Tovar. El día 25 las tropas comandadas por Orozco se apoderan de la cercana y estratégica población de Nador y poco después de Zeluán, llegando sin más contratiempo al contrafuerte sur del Gurugú.
 
El día 28, varios soldados encontraron numerosos cadáveres de los combates de los días 23 y 27 de julio, y se organizó una expedición para recoger 108 cuerpos insepultos de oficiales y soldados.

Parecía que los rifeños habían abandonado los montes, pero en la noche del 28 al 29 de septiembre se produjo un importante ataque a Beni Sicar. En esta noche murió un modesto cabo del Regimiento del Príncipe que fue capturado por el enemigo cuando hacia los relevos de guardia. Los moros le conminaron a que les indicaran los portillos de las alambradas y les facilitara el santo y seña con el fin de sorprender a la posición española, pero el cabo Luis Noval Ferrao condujo a los moros hasta las alambradas pero a la voz de “haced fuego, que estoy con los moros” advirtió a la guardia, que disparó sobre el grupo. Al día siguiente, una patrulla encontró los cadáveres del valiente cabo y de dos moros.
                      
Cabo Luis Noval Ferrao
  
                                              
 El día 29, es ocupado el monte Gurugú. 


La Toma del Gurugú el 29 de Septiembre de 1909
              
     
Hubo algunas acciones más como la toma de Zoco el Jemis de Ben Bu Ifrur o la ocupación de Atlaten y la meseta de Taxuda. A los marroquíes les iba cansando la guerra y la cercanía de la siembra enfriaba sus ardores guerreros.
                                                                                                                           
El 26 de noviembre  los caídes de Beni Sidel y Ben bu Ifrur se presentaron ante el general Marina para pedir la protección de España de las cábilas de Guelaya y Quebdana. En enero de 1910 se sometió el kaid de Beni Sicar, Abd-el-Kade, quien desde ese momento se convirtió en un fiel aliado de España. Es el fin de la campaña “de 1909” y comienza la repatriación de las fuerzas expedicionarias. De esta forma el Gobierno daba por terminado el conflicto ante la opinión pública muy sensibilizada por la impopular guerra.

La guerra de Melilla fue considerada victoriosa y así fue celebrada. Pero las tropas españolas pagaron un fuerte tributo ya que sufrieron 252 muertos (2 Generales, 11 Jefes, 31 Oficiales y 208 Suboficiales y Tropa) y 1551 heridos (9 Jefes, 85 Oficiales y 1457 Suboficiales y Tropa).Total, 1803 caídos en acción.

Pero al otro lado del rio Kert, en el Rif occidental, se empezaba ya a gestar la siguiente rebelión…

La Marcha militar "La toma del Gurugú" con música de Pascual Marquina Narro conmemora esta acción militar que supuso la conquista soñada de una posición de un altísimo valor estratégico para la sufrida población de Melilla.