Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Norte de África. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Norte de África. Mostrar todas las entradas

22 de enero de 2015

SILVESTRE Y EL RAISUNI, UN BINOMIO CONTROVERTIDO EN LOS ALBORES DEL PROTECTORADO

Durante el periodo posterior a 1909 en la zona occidental del Norte de África ocurrieron algunos hechos significativos a nivel político y diplomático.

Los acuerdos de Algeciras de 1906 habían dejado el problema marroquí en unas competencias ambiguas entre los gobiernos de España, Francia y Marruecos.

Los franceses aprovecharon con astucia la inestabilidad reinante en el imperio de Marruecos y la tibieza española para intervenir cada vez más activamente en la política marroquí, llegando a tomar la ciudad de Fez el 20 de mayo de 1911. Esa circunstancia y las noticias alarmantes sobre movimientos de las tropas coloniales francesas entorno a Alcazarquivir, impulsaron al gobierno de Canalejas a intervenir militarmente en la zona.

El 8 de junio llegaron a Larache tras compañías de infantes de marina al mando del teniente coronel Dueñas, y el crucero Cataluña, que al día siguiente junto a dos secciones del tabor de Larache,


Policia indígena del Tabo rde Larache
al mando del capitán Ovilo y Castelo, emprendieron una dificultosa marcha hacia Alcazarquivir ocupando la ciudad el día 10, sin una sola baja.

Al conocerse la ocupación de las dos ciudades por parte de los españoles tanto el gobierno francés como el Sultán protestaron airadamente.España, notificó a todas las potencias signatarias del Acta de Algeciras que había desembarcado tropas en la costa atlántica de Marruecos. Aquel anuncio desencadenó una tormentosa reacción en Francia y España replicó que la creciente anarquía en la zona le había obligado a actuar rápidamente.

Alemania escaldada por su fracaso en la Conferencia de Algeciras, y viendo el cariz que tomaban los acontecimientos soliviantó al gobierno germano que el 1 de julio ancló el cañonero Panther en el puerto de Agadir, con el pretexto de salvaguardar los intereses de los súbditos alemanes. Al tiempo que el gobierno del Kaiser reclamaba sus derechos como franceses y españoles. Pero Alemania se topó con la oposición tajante de Inglaterra.


El golpe de efecto de Alemania

Tras largas negociaciones, la crisis se cerró el 4 de Noviembre mediante un acuerdo por el que el pais germano dejaba libertad de acción a Francia en Marruecos a cambio de concesiones en el Congo.  El gobierno español que se enteró de este acuerdo dos días después, no se adhirió a él y comenzaron entonces unas laboriosas negociaciones que desembocaron en tratado hispano-francés del 14 de noviembre de 1912, en el que se delimitaban definitivamente los límites del Protectorado.

Volviendo sobre nuestros pasos nos situamos en Alcazarquivir, recien tomada por las fuerzas españolas. La situación en este sector Larache-Alcazarquivir  era muy inestable, y a todas luces era indispensable colocar al frente a un hombre fuerte, que diese la talla y con probada experiencia en asuntos marroquies, y la elección cayó sobre el teniente coronel Silvestre, destacado militar procedente del Arma de Caballería, que desembarcó del acorazado España, procedente de Casablanca; desde este mismo momento Silvestre estableció contacto con el jerife Sidi Mohamed Raisuni, Bajá de Arcila, todo un personaje que disputaba el poder al propio Sultán,cuya autoridad en si misma estaba muy debilitada, y que colaboró con el militar español en beneficio de sus propios intereses, que pasaban por empujar fuera a Francia, contra quien el Raisuni sentía verdadera adversión.

Manuel Fernández Silvestre
El Raisuni



Sobre este binomio planearon encuentros y desencuentros. Dos fuertes personalidades, con proyectos diferentes, que en ocasiones se daban una mano a sabiendas que con la otra podían recibir un golpe.


En principio las relaciones con el Bajá de Arcila atravesaron un periodo inmejorable. A principios de 1912, Silvestre fue ascendido a coronel y comenzó a darse cuenta que el Raisuni era la verdadera autoridad en el Yebala,y teniendo en cuenta que el establecimiento del Protectorado español estaba en marcha, recomendó a sus superiores la elección del jerife como primer jalifa de la zona española.Pero a pesar de aquella recomendación, que repitió en agosto, los sentimientos de Silvestre hacia el Raisuni eran imprecisos, ya que el despotismo y el abuso de poder del que hacia gala le exasperaban. No tardó en presentarse la ocasión de enfrentarse. Harto de los abusivos impuestos que el jerife recaudaba en las cabilas bajo su control y que daban lugar a fricciones y enfrentamientos entre los indigenas, Silvestre al mando de un destacamento de sus tropas, hizo fuego sobre alguno de los recaudadores de aquel; el fuego cruzado produjo bajas en los dos bandos.

El Raisuni contrariado, acudió a quejarse al representante del gobierno español en Tánger, el cónsul Zugarti, que reprendió a Silvestre y ordenó la colaboración con el Bajá. La pugna entre los dos personajes llevó a tensiones que tuvo que frenar la diplomacia, hasta que la cuerda se rompió y el Raisuni se declaró en rebeldía y marchó con sus tropas a su feudo de Tazarut, en el corazón de las montañas de Beni Aros.

Antes de su partida Raisuni explicó de esta manera su posición a Silvestre: " Tú y yo formamos la tempestad. Tú eres el viento furioso; yo, el mar en calma. Tú llegas y soplas violentamente. Yo me alboroto y empiezo a escupir montañas de espuma. Ya tenemos la gran tormenta. Pero, entre tú y yo hay una diferencia. Yo, como el mar, nunca abandono mi lugar, mientras que tú, como el viento, no estás nunca en el tuyo." 

El tiempo nos mostró que los vientos no fueron favorables para ninguno de los dos.

                             


 
Así empezó a tomar forma el Protectorado español a fines de 1912, en una atmósfera de acuerdos llenos de incertidumbre.


15 de octubre de 2014

EL KERT, UN RIO EN EL CAMINO DEL RIF


Tras la campaña de 1909, la situación política de la región del Rif presentaba un mejor cariz, especialmente en las inmediaciones de Melilla. Las sumisiones de los jefes y caides de las cabilas circundantes a la plaza continuaron produciéndose, entre ellas  la del jefe de la cabila de Beni Sicar, Abd el Kader, moro prestigioso que había luchado contra las tropas españolas en Taxdirt y que en enero de 1910 hizo acto de sumisión ante el general Marina.

La actividad militar quedó reducida a frecuentes recorridos por la zona dominada para transmitir sensación de autoridad y seguridad en las cabilas sometidas y a la ocupación de nuevos puestos de defensa para la mejora de las comunicaciones entre las posiciones avanzadas. Se realizaron así mismo, levantamiento de planos y croquis para un mejor conocimiento del terreno, cuya ignorancia fue la causa del desastre del Barranco del Lobo.

Paralelamente se otorgó un nuevo status de carácter militar a la plaza de Melilla convirtiéndola en Capitanía General y asignándola una dotación permanente.

Por su parte, el general Marina intentó favorecer el comercio entre la plaza y sus  alrededores, a fin de estrechar los lazos con la población indígena. Esta misma política la aplicó en aquellas plazas de soberanía españolas situadas en la bahía de Alhucemas (Peñón de Vélez y Peñón de Alhucemas), en su relación con las cabilas cercanas (Beni Urriagel y Bocoya)

Los logros de esta política conciliadora culminaron con la visita de Alfonso XIII a Melilla, realizada en enero de 1911, a la que el monarca acudió acompañado de los miembros más representativos de su gobierno. El rey visitó, en medio del entusiasmo popular, los distintos rincones de la ciudad y los lugares en que habían tenido lugar los principales acontecimientos de la campaña de 1909, recibiendo presentes de varios cadíes y jefes de cabilas. El viaje del rey, por otra parte, venía a demostrar a los ojos del país, el interés del monarca y su Gobierno  por las cuestiones marroquíes, a la vez que suponía consiguientemente un llamamiento a la opinión nacional a favor de la empresa africana. El 14 de enero de 1911,Alfonso XIII embarcó de nuevo hacia la Península expresando sus mejores deseos para la paz y el progreso de la zona de influencia española.

Sin embargo, la realidad venía a ser más inquietante que los deseos del monarca. Las tribus del Rif, habituadas a no reconocer ninguna presencia extranjera, aumentaron sus agresiones sobre las posiciones avanzadas españolas, a la vez que incitaban a la rebelión a las cabilas situadas tras ellas. En este contexto aparece la figura de el Mizzián, un caudillo que reafirmó los lazos y la unión entre las cabilas, pregonero incansable de la jihad contra el invasor y que reunió a un verdadero ejército que lanzaban expediciones armadas (harkas) contra los españoles, haciendo más peligrosa la situación.

                                                             
Mohamed Amizian "El Mizzian"
                      

A su vez los españoles desarrollaban una intensa campaña política entre los notables rifeños, comprando lealtades y tejiendo las alianzas suficientes que les permitieran en un futuro imponer su influencia en el territorio.

El alcance de la acción política entre las cabilas limítrofes a las posiciones avanzadas españolas se veía constantemente reducido por la acción de las harkas rifeñas, que creaban un estado de inseguridad constante en los límites del avance español.

 A lo largo de 1911 los paseos militares de las tropas se habían extendido hasta ocupar posiciones bastante alejadas de Melilla, como el Zaio (cerca del límite con la zona francesa, en la cabila de Ulad Setut), Ras Medua, Tauriat Zag (posiciones envolventes a lotro lado del Gurugú. en dirección al río Kert) o Segangán (cerca de las minas de Beni Bu Ifrur).

 Los motivos de dichas ocupaciones se debían sobre todo a las peticiones de protección de las cabilas amenazadas por las incursiones rebeldes, aunque algunas de ellas tenian por objeto pacificar el territorio cercano a las minas para facilitar su explotación o, simplemente, expandir la autoridad militar española a lo largo de la zona de influencia (especialmente la posición del Zaio, ocupada para “marcar” la frontera española ante la zona francesa).


Tauriat-Zag

Tauriat-Zag


En el límite de esas posiciones avanzadas se desarrollarían los sucesos que darían lugar a la campaña de 1911-1912, conocida como la campaña del Kert.

En agosto de 1911 una Comisión Geográfica del Estado Mayor del Ejército levantaba planos en la zona próxima al río Kert, en el mismo extremo de las posiciones avanzadas españolas en la cabila de Beni Sidel. Allí fueron objeto de una agresión en la que murieron 4 soldados, viéndose obligada la restante-fuerza a replegarse sobre la posición de Tauriat Zag. Desde esa posición y desde otras vecinas se inició una operación de castigo que llevó a las tropas españolas hasta el río Kert a finales del mes de agosto.

La estabilización de posiciones en ambas orillas del río y la impetuosidad creciente de las harkas enemigas, pertenecientes en su mayoría a las cabilas más cercanas al Rif, convencieron al general García Aldave, sustituto del general Marina, de la necesidad de solicitar al Gobierno de la Nación el envío de nuevas tropas. Accedió a ello el Gobierno Canalejas, afrontando de nuevo la impopularidad que su decisión causó en ciertos sectores de la opinión pública La huelga general revolucionaria convocada con motivo de los nuevos envíos de soldados, y los asesinatos de diversos personajes públicos a lo largo de los meses de mayo a septiembre de 1911 provocarían que el gobierno Canalejas adoptara medidas de excepción en Bilbao y en Valencia,y finalmente decretara la suspensión de las garantías constitucionales en toda España (RO. del 19 de septiembre de 1911).

La campaña del Kert, así iniciada, pretendía llevar el dominio español hasta los límites marcados por el río Kert, situado a unos 20 kilómetros de Melilla. La estabilización del frente de contacto y los continuos y sucesivos avances y retrocesos entre una ribera y otra del río diferenciaron esta campaña de la de 1909, en la que los avances resultaron más francos y la combatitividad del enemigo menor. En la campaña del Kert se pudo apreciar con claridad que a medida que las tropas españolas se adentraban en las inmediaciones del corazón del Rif, la hostilidad del enemigo era más crecida, y su resistencia más decidida. La posesión de dos enclaves cercanos al río –la posición de de Ishafen al norte y la de Imarufen al sur- centraron buena parte de la campaña, siendo objetivo prioritario del enemigo conquistarlos y de las tropas españolas mantenerlos. La cooperación de la Armada, que desde el litoral bombardeó los poblados indígenas a retaguardia de la zona de contacto, se dejó sentir eficazmente para las fuerzas avanzadas, que pudieron atravesar en varias ocasiones el río aunque la acometividad del enemigo les obligara siempre a repasarlo.

Sin embargo, no era tan sólo el dominio de la línea del Kert el objetivo de la campaña. Consciente el Gobierno y las autoridades militares del territorio de que el germen de la rebelión se encontraba en las montañas del Rif, especialmente en la cabila de Beni Urriagel. se preparó un plan de desembarco en la bahía de Alhucemas -en el litoral de dicha cabila-, con el fin de iniciar desde allí un avance de castigo hacia el interior y atrapar al enemigo entre dos frentes.

Tal proyecto no pudo llevarse a cabo finalmente. El estado del mar en época tan avanzada del año y la preparación del enemigo para la defensa, aplazaron su realización indefinidamente, reduciendo la  campaña a los límites establecidos en torno al río Kert.

El fin de los combates llega con la muerte el día 15 de mayo en una escaramuza con los Regulares, del líder rifeño Mohamed Amezian el Sherif  “ El Mizzian” que "era el hombre en que se encarnaba la necesidad de unidad y el espíritu ofensivo de las tribus". Con su desaparición los rifeños perdieron no sólo a su jefe, sino también el nexo imprescindible que garantizaba el equilibrio de componentes tan heterogéneos. La unidad de las cabilas estaba fundamentada en el consenso y el prestigio que emanaba del jerife, sin él, el movimiento, ahora acéfalo, se descompuso, y la lucha que hubiera podido durar mucho tiempo aún, finalizó.


Pero tampoco esta vez el gobierno y el ejército españoles supieron aprovechar la teórica ventaja que suponía la desintegración de las harkas rifeñas, desorientadas por la pérdida de su jefe, y frenaron bruscamente todas las operaciones y los españoles se afanaron en firmar un acuerdo de paz con los jefes de las diversas cabilas, que pusiera fin momentáneo a los combates. El territorio efectivamente ocupado alrededor de Melilla era el doble respecto al de 1909, un rosario de posiciones paralelas al río, , pero más allá del río Kert, el Rif (la mayor parte) continuaba libre.





Por primera vez se habían empleado en campaña unidades de Regulares, compuestas por tropas indígenas al mando de oficiales españoles, y también por vez primera la Armada había tenido un papel destacado en la misma.





TENIENTE DE CABALLERÍA
 D. JAIME SAMANIEGO Y MARTINEZ FORTÚN
(PRIMER CABALLERO LAUREADO DE SAN FERNANDO
PERTENECIENTE A LAS FUERZAS REGULARES INDÍGENAS 
CONDECORADO EN LAS CAMPAÑAS DE MARRUECOS)

R.O. de 6 de Abril  de 1916 (D.O. 81, de 7 de Abril de 1916)
Poblado Haddu Al-lal U Kaddur (Melilla) 15 de Mayo de 1912

    ENTERRADO EN PANTEÓN DE HÉROES F4-Nº 1


El día 15 de Mayo de 1912, en el poblado de Haddu Al-lal u Kaddur, al suroeste de Melilla, el Teniente de Caballería Don Jaime Samaniego y Martínez Fortún, nacido en Valladolid el 29 de agosto de 1883, muere heroicamente en combate al mando de su sección del 3º escuadrón de las Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla. 

Tras ser herido gravemente en la boca, continuó dando pruebas de sereno valor cargando al frente de su unidad contra harqueños rebeldes, hasta que una segunda herida, en el corazón, acabó con su vida. Como consecuencia de esta acción fue abatido El Mizzian, destacado cabecilla rifeño de la revuelta. Con esta operación se dio por finalizada la denominada campaña del Kert. 

El Teniente Samaniego perteneció a la Promoción de 1906 del Arma de Caballería, tan sólo hacía dos meses que se había incorporado a las Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla, tras su anterior destino en el Regimiento de Caballería Alcántara nº 14. 

Por una Real Orden de 6 de abril de 1916, S.M. el Rey Alfonso XIII le concedió la Cruz Laureada de San Fernando, así como el ascenso a Capitán a título póstumo, pasando a ser el primer Regular distinguido con esta condecoración.
         

sepultura del Teniente Samaniego en el Panteón de Héroes del Cementerio de Melilla

29 de septiembre de 2013

LA TOMA DEL GURUGÚ: EL VALOR DE UNA CONQUISTA SOÑADA POR MELILLA



El Desastre del Barranco del Lobo tuvo una honda repercusión en la sociedad española, cuyas clases sociales más modestas veían con impotencia como se seguía derramando su sangre más joven en tierras africanas, en una herida siempre abierta.

Al día siguiente de aquel fatídico 27 de julio en el que España lloró el conocido como Desastre del Barranco del Lobo, el Consejo de Ministros aprobaba un nuevo envío de tropas de refuerzo, y la supresión de la injusta redención a metálico, por la que el que pagaba no iba a la guerra, y por la que consecuentemente solo los pobres acudían a África.

Durante todo agosto y primeros días de septiembre de 1909 se acumuló un poderoso contingente militar en Melilla para acabar con los continuos ataques kabileños que se sucedían en contra de la ciudad. Y para reforzar su seguridad el mando decide que es preciso dominar el macizo del Gurugú, al que por su posición la ciudad queda inapelablemente sometida. Se descartó un ataque directo, y se decidió someterlo rodeándolo. La madrugada del día 20 de septiembre comenzaban los estampidos de la artillería que batían riscos y vaguadas.

Una posición artillera española castiga las defensas de los rifeños en el Gurugú


La División de Cazadores del General Tovar llevaba el peso de las operaciones, mientras que la División de Álvarez de Sotomayor quedaba de reserva en Rostogordo y 6 Compañías y tres Baterías a las órdenes de Del Real servían de enlace entre las dos Divisiones. 

Comienzan a moverse entre dos luces hostigados por los rifeños a lo largo de diferentes posiciones, Tawrit, Zoco-el-Had y Taxdir. En esta última posición tuvo lugar un impresionante hecho de armas de la Caballería española, “las tres cargas de Cavalcanti” también conocido como “la carga de Taxdir”. El General Tovar ordena a su ayudante, Teniente Coronel Cavalcanti que asuma el mando del 4º Escuadrón Alfonso XII y apoye a los de Tarifa que están relevando en la línea a los de Cataluña que después de cuatro horas de lucha ininterrumpida tienen que municionar; había que taponar este peligroso boquete y para ello Cavalcanti sitúa a los 65 jinetes a cubierto en un cañaveral y, después de evaluar la situación advierte a  los del Tarifa que va a cargar.

 Acomete al enemigo por sorpresa y en tres frentes y consigue desbandarlo. Con 40 jinetes vuelve a cargar a otro núcleo de unos 1.500 harqueños que esperan en una elevación frente a Tamsyut, haciéndolos retroceder y, por último con solo 20 jinetes, vuelve hacerlo contra varios grupos dispersos del enemigo. Repliega las bajas al cañaveral y en combate pie a tierra, aguanta el contraataque enemigo hasta que son auxiliados por la infantería. Sus bajas fueron el 37% de la fuerza, por lo que según el Reglamento se tuvo a bien concederle la corbata de la orden de San Fernando al Regimiento de Cazadores de Alfonso XII, 21º de Caballería, y por tan brillante acción, al teniente coronel José Cavalcanti se le concedió la Cruz de 2ª clase de la Orden de San Fernando el 14 de febrero de 1910.

La carga de Taxdir de Augusto Ferrer-Dalmau

                 
               
Tan solo dos días después, el día 22 cae la localidad de Zoco-el-Had-Beni Sicar ante las tropas del general Sotomayor y el Hidum ante las de Tovar. El día 25 las tropas comandadas por Orozco se apoderan de la cercana y estratégica población de Nador y poco después de Zeluán, llegando sin más contratiempo al contrafuerte sur del Gurugú.
 
El día 28, varios soldados encontraron numerosos cadáveres de los combates de los días 23 y 27 de julio, y se organizó una expedición para recoger 108 cuerpos insepultos de oficiales y soldados.

Parecía que los rifeños habían abandonado los montes, pero en la noche del 28 al 29 de septiembre se produjo un importante ataque a Beni Sicar. En esta noche murió un modesto cabo del Regimiento del Príncipe que fue capturado por el enemigo cuando hacia los relevos de guardia. Los moros le conminaron a que les indicaran los portillos de las alambradas y les facilitara el santo y seña con el fin de sorprender a la posición española, pero el cabo Luis Noval Ferrao condujo a los moros hasta las alambradas pero a la voz de “haced fuego, que estoy con los moros” advirtió a la guardia, que disparó sobre el grupo. Al día siguiente, una patrulla encontró los cadáveres del valiente cabo y de dos moros.
                      
Cabo Luis Noval Ferrao
  
                                              
 El día 29, es ocupado el monte Gurugú. 


La Toma del Gurugú el 29 de Septiembre de 1909
              
     
Hubo algunas acciones más como la toma de Zoco el Jemis de Ben Bu Ifrur o la ocupación de Atlaten y la meseta de Taxuda. A los marroquíes les iba cansando la guerra y la cercanía de la siembra enfriaba sus ardores guerreros.
                                                                                                                           
El 26 de noviembre  los caídes de Beni Sidel y Ben bu Ifrur se presentaron ante el general Marina para pedir la protección de España de las cábilas de Guelaya y Quebdana. En enero de 1910 se sometió el kaid de Beni Sicar, Abd-el-Kade, quien desde ese momento se convirtió en un fiel aliado de España. Es el fin de la campaña “de 1909” y comienza la repatriación de las fuerzas expedicionarias. De esta forma el Gobierno daba por terminado el conflicto ante la opinión pública muy sensibilizada por la impopular guerra.

La guerra de Melilla fue considerada victoriosa y así fue celebrada. Pero las tropas españolas pagaron un fuerte tributo ya que sufrieron 252 muertos (2 Generales, 11 Jefes, 31 Oficiales y 208 Suboficiales y Tropa) y 1551 heridos (9 Jefes, 85 Oficiales y 1457 Suboficiales y Tropa).Total, 1803 caídos en acción.

Pero al otro lado del rio Kert, en el Rif occidental, se empezaba ya a gestar la siguiente rebelión…

La Marcha militar "La toma del Gurugú" con música de Pascual Marquina Narro conmemora esta acción militar que supuso la conquista soñada de una posición de un altísimo valor estratégico para la sufrida población de Melilla.




  

10 de diciembre de 2012

FRANCIA, MAESTRO DE CEREMONIAS EN EL REPARTO DE MARRUECOS

En vísperas del siglo XX, Marruecos estaba rodeado de potencias dispuestas a asegurar su futuro en el continente africano a expensas del país marroquí.

Tierra de desiertos e inhóspitas montañas, unificada o pacificada en contadas ocasiones,y afectada de anarquía crónica,estaba habitada por una población fiel a su terreno hasta el fanatismo, compuesta principalmente de primitivos cabileños musulmanes. Marruecos era gobernado por un sultán a quien la tradición le permitia designar su sucesor, pero como a menudo había más de un pretendiente, cada nuevo sultán se veía obligado a reunir un ejército y defender sus derechos entre las tribus esparcidas por todo el país  y luego viajar de un lado para otro para exigir el pago de impuestos.

Para los observadores europeos habituados a formas de gobierno menos caóticas, Marruecos aparecía en un estado de constante anarquía, pero el verdadero panorama era algo diferente. No había falta de autoridad central en Marruecos. El sultán era reconocido por todos como el jefe de estado espiritual, pero su reconocimiento como jefe de Estado solamente tenía lugar en aquellos territorios que él, o bien sus hombres, habían visitado y pacificado; es decir, solamente en aquellas regiones que se hallaban ya bajo el control del ejército real y de los recaudadores de impuestos.

A principios del siglo XX, el dominio del sultán se extendía sobre dos áreas toscamente triangulares: la primera, confinaba al norte con Tánger, al este con Fez, y con Rabat al sur; la segunda, tenia Rabat en la punta norte, Marrakech al este y Mogador al sur. Estas dos regiones comprendían todas las ciudades principales y la mayor parte de la llanura costera más accesible, y sus habitantes eran mayormente árabes y bereberes arabizados. El conjunto de las dos regiones constituían el Blad el -Mazjen (territorio sujeto al gobierno); el resto de Marruecos constituía el Blad el -Siba (territorio no dominado). Los límites de las dos áreas fluctuaban constantemente según el avance o retroceso de las fuerzas reales.



Las áreas sombreadas indican los territorios del Blad el -Majzen

En 1900 Marruecos se encontraba bajo el reinado de Abd el-Aziz, hijo de Muley Hassan. Este monarca murió en 1894, y al ser su hijo menor de edad se encargó de la regencia el notable Ba Ahmed que al dirigir un corrompido gobierno, aumentó la oposición al joven sultán.

En 1902, estalló al noroeste la revuelta de Bu Hamara, y todas las tierras comprendidas entre la frontera argelina y Fez, con la excepción del Rif, cayeron en manos de los rebeldes. En el Yebala, zona montañosa del noroeste, Raysuli, jerife famoso por su rapacidad mantuvo aterrorizada a la población, pero Abd el- Aziz se encontaba totalmente impotente para enfrentarse a cada una de las revueltas en las que se encontraba envuelto su reino. La anarquía parecia inminente, y pronto quedó claro que el Imperio Jerifiano era una ficción y que Marruecos en este momento solo era un conglomerado inestable de cabilas.

En este contexto, el engranaje de los tratados internacionales para el reparto de Marruecos se puso en marcha.

En 1902 Francia propuso secretamente a Madrid una división de Marruecos, prometiendo a España todas las tierras al norte del rio Sebú incluyendo las ciudades de Fez y Taza, junto con el puerto atlántico de Agadir y toda la parte hacia el sur del río Sus. Pero España temerosa de la reacción británica si el plan se descubría, rechazó la oferta francesa.

En 1903, Francia logró un acuerdo con Italia, por el que se comprometía a garantizar la prioridad italiana en Libia a cambio de una prioridad semejante de Francia en Marruecos.

En abril de 1904 un tratado anglo-francés otorgaba a Gran Bretaña libertad de acción para llevar adelante sus propósitos en Egipto, a la vez que concedía idénticas posibilidades a Francia en Marruecos. Además  acordaron que España, en virtud de su posición geográfica y de sus posesiones en el litoral mediterráneo  recibiría especial consideración. Así Gran Bretaña prefirió que España, más débil, recién derrotada en un conflicto colonial y con aspiraciones de tener algún peso en el concierto mundial, recibiera la posición más septentrional de Marruecos, teniendo siempre presente la posición de su plaza en Gibraltar. 

En octubre, España completó un acuerdo con Francia cuyo lado público estipulaba que ambos países habían llegado a un acuerdo sobre la extensión de sus respectivos derechos en Marruecos, pero su aspecto secreto estipulaba que los franceses eran menos generosos que en la propuesta de 1902, por lo cual  España iba a recibir solo aquella porción del norte de Marruecos comprendido entre el río Muluya, al este, y el Océano Atlántico al oeste; y desde el Mar Mediterráneo, por el norte, hasta una serpenteante línea en el sur trazada burdamente de este a oeste a unos 40 km al norte del río Werga por encima de Fez; más una pequeña área desértica en la costa atlántica en el extremo sur del Marruecos francés. Bajo su dominio quedaron sólo las zonas más estériles y aquellas donde las tribus eran más belicosas.
 Alemania, contrariada por haber quedado excluida en los tratados anglo-francés de abril de 1904 y el posterior franco-español, consideró dañados sus intereses comerciales, de modo que inició una campaña de protestas que culminaron con la visita del Káiser Guillermo II a Tánger para apoyar la autonomía del Sultán, prestando asistencia financiera si fuese necesario.

Todo esto provocó una crisis internacional que dio lugar a la Conferencia de Algeciras. La Conferencia comenzó el 16 de enero de 1906 y finalizó el 1 de abril. Además de Alemania y Marruecos, acudieron Francia, España, Gran Bretaña, y otros nueve países. Los resultados fueron favorables a las aspiraciones franco-españolas y frustrantes para Alemania, que no consiguió sus propósitos de participar en la política marroquí. Los alemanes capitularon, pero mostraron un profundo descontento, y en el verano de 1911 volvieron a poner en vilo a Europa cuando mandaron su cañonero Panther a Agadir, a fin de proteger los intereses comerciales alemanes en aquella área. El significado de este connato alemán de interferirse en la esfera francesa fue  esquivado hábilmente por Francia que inició dos tratados que Alemania firmó en noviembre de 1911. Allí Alemania reconocía el derecho francés a un protectorado marroquí.


Por consiguiente, el único obstáculo de Francia para su dominio de Marruecos era el establecimiento de condiciones con el sultanato. Los asuntos internos marroquíes habían empeorado desde la llegada de Abd el -Aziz al trono, ni siquiera tenia autoridad para exigir obediencia en el Blad-el Mazjen. Los franceses, entretanto, utilizaban toda clase de pretextos para invadir el terreno que sobre el papel ya dominaban.
 En noviembre de 1908 el sultán abdicó en favor de Mulay Hafiz que aportó muy poco tanto a la sofocación de las revueltas nativas como de la influencia francesa. Muy al contrario  Hafiz se hallaba atrapado en la difícil coyuntura de tener que garantizar los derechos europeos y la idea de volver a un Marruecos independiente, y privado del apoyo británico y abrumado por las deudas, en marzo de 1911 Hafiz pidió la ayuda francesa para el mantenimiento de su imperio. Un año después, el 30 de marzo de 1912, bajo fuerte presión de los franceses, estampaba su firma en el Tratado de Fez, con lo que rubricaba el fin de la independencia de su país y concedía a Francia el protectorado legal sobre Marruecos.   






     

18 de octubre de 2012

MARRUECOS EN EL PUNTO DE MIRA DE EUROPA


A  lo largo del siglo XIX, Marruecos sufrirá la presión de las grandes potencias, que buscan en un país debilitado materias primas a  precios bajos y, sobre todo, un mercado para el excedente de sus productos.El desarrollo industrial europeo en el siglo XIX empuja a las  potencias  - Inglaterra, Francia - a la búsqueda de mercados y de aprovisionamiento de materias primas para su industria, y por lo tanto al control de las comunicaciones y de los puertos, centro de salida y entrada de productos.

Será muy difícil al Majzén (zona de autoridad del Sultán) resistir a estas presiones, que irán limitando la soberanía marroquí; únicamente los intereses encontrados de las potencias le permitirán un equilibrio cada vez más inestable.

Inglaterra era el país con mayores relaciones comerciales con Marruecos. La intensidad del comercio anglomarroquí se había acentuado en el siglo XVIII. Ante la presión creciente del resto de los países europeos, su interés se centrará en consolidar y acentuar su influencia y sus lazos comerciales con el Sultán.


En los años veinte, Francia lleva a cabo la expedición de Argelia, que culmina con la ocupación del Oranesado (región de Orán), poniendo así las bases de su futuro poder colonial. Desde la base argelina, los franceses acentuarán sus contactos  -pacíficos o bélicos - con Marruecos,y Argelia será su base de partida para una futura penetración en el Imperio Jerifiano.

La acción francesa en Argelia había inquietado al resto de los países. El equilibrio mediterráneo,  podía desgarrarse ante la "toma de posiciones" francesa.

Esta inquietud afecta, pues, a Inglaterra en primer lugar. Su dominio mediteráneo basado en el eje Gibraltar-Egipto se ve amenazado por el nuevo eje vertical Francia-Norte de África.

Inglaterra, dueña de Gibraltar y relacionada con Marruecos desde el siglo XVIII verá con malos ojos la presencia de Francia en la costa mediterránea africana, considerándola un atentado contra la seguridad de su tráfico marítimo.

Francia, por su parte, veía en el control de Marruecos la seguridad de su colonia argelina y la posible expansión de su comercio.

Para España controlar Marruecos significaba, sobre todo,asegurar sus territorios de Ceuta y Melilla, prestigiarse ante las potencias restantes y evitar que éstas - sobre todo Francia - ahogasen por el sur los intereses españoles. Significaba también, en menor medida, una alternativa colonial a la pérdida de los territorios americanos y un campo de acción exterior para el entonces siempre inquieto ejército español.

Alemania, que muy pronto entrará en el juego de los intereses  coloniales, consideraba a Marruecos un precioso instrumento para crear problemas a Francia y, especialmente, para atizar la discordia entre las potencias coloniales (Francia e Inglaterra), impidiendo la unidad de actuación de las mismas, circunstancia que habría resultado peligrosa para la Triple Alianza que el Canciller Bismarck creará en el continente europeo (Alemania, Austria e Italia).

La rivalidad y choque de intereses europeos por Marruecos será constante a lo largo del siglo. Este choque mantuvo separadas, por sus fines imperialistas y colonialistas enfrentados en África, a Inglaterra y a Francia.

A partir de 1890, Alemania iniciará una agresiva política "pangermanista" utilizando a Marruecos como una de las palancas para apoyar su fuerza expansionista. Francia e Inglaterra, alarmadas, solucionarán entonces sus diferencias y acuerdan que Inglaterra dejará a Francia las manos libres para actuar en Marruecos y a cambio Egipto quedará a merced de los ingleses.

Desde ese momento, la suerte de Marruecos estará echada y la pérdida de su independencia decidida.

En el ambiente internacional de presión que se ejerce sobre Marruecos,la relativa paz mantenida entre España y Marruecos a partir de 1860, dentro de la voluntad común del mantenimiento del statu quo, se verá rota por los sucesos de Melilla de 1890 y de los años siguientes.

Las crisis comenzará por el hostigamiento rifeño a la caballería española que hacía una descubierta por el campo exterior de la ciudad, en territorio dentro de los límites establecidos en el Tratado de Wad Ras de 1860, nunca admitido por las tribus limítrofes.

El Sultán Hasán I, ante la protesta, tomará medidas contra los responsables, pero la situación se agrava al construir los españoles unas fortificaciones en territorio considerado sagrado por los rifeños, al pertenecer a una mezquita: el 2 de octubre de 1893, llevan a cabo un ataque contra el fuerte, pereciendo doce soldados de entre los defensores. En los días siguientes la rebelión rifeña de las tribus afectadas se generaliza, y los días 27 y 28 de octubre se ataca a la ciudad de Melilla, muriendo el gobernador militar, general Margallo.

Desde España se envían entonces refuerzos al mando del general  Martínez Campos, temiendo una guerra con Marruecos. El Sultán, en prueba de su voluntad decidida a mantener la paz, destaca a su hermano Muley Araafa con fuertes efectivos, que obligan a los rifeños a abandonar sus actitudes bélicas.

Superados los incidencias, el Gobierno español  envía, en enero de 1894, una embajada extraordinaria, presidida por el general Martínez Campos, con objeto de eliminar las últimas dificultades creadas por los sucesos de Melilla. Las conclusiones del encuentro entre el representante español y el Sultán fueron las siguientes:

Se firma un convenio por el que Marruecos pagará una indemnización de cuatro millones de duros para reparar los daños causados por el ataque rifeño, estableciendo definitivamente una zona neutral entre Marruecos y el área de Melilla; los culpables de los incidentes serán castigados duramente por el  Sultán y, según lo establecido en el tratado del 60, habrá una guardia del Majzén en la zona fronteriza para defender la paz y un caid de la confianza de España.

Las resistencias diplomáticas, aplazamientos e intrigas del resto de las potencias estuvieron a punto de desatar de nuevo la guerra. Todos los grandes Estados quisieron intervenir, al menos indirectamente, en la cuestión, temiendo que una ocupación de nuevos territorios por España hiciese el juego, bien a Inglaterra, bien a Francia. La crisis se alargó una temporada, hasta la firma definitiva de la  Paz de Marraquech el 5 de marzo de 1894. Tres meses más tarde moría Mulay Hasán, sucediéndole su hijo Abdelaziz bajo la tutela de su madre Lalla Nor-es-Chems.


Durante los años 1883 y 1884 se inicia por España la ocupación de territorios saharauis. Un gobierno presidido por Cánovas del Castillo,  actuará encargando a la Sociedad de Africanistas la instalación de factorías en la costa atlántica, adelantándose a las intenciones británicas de hacer algo semejante. El Gobierno facilitó dinero y medios de transporte. Se desembarcará en la península Río de Oro (Dajla-es-Saharia), firmando tratados de amistad y comercio con las tribus de aquella zona. También se instalará la expedición en CaboBlanco y en la bahía de Cintra, dejando casetones y guarnición militar, igualmente facilitada por el Gobierno. La Sociedad de Africanistas pondrá el nombre de Villa Cisneros, Puerto Badía y Medina Gatell a aquellos lugares.

España comunicará oficialmente a las demás potencias que ha tomado bajo su protección las costas africanas entre Río de Oro y Cabo Bojador (26º 8' lat. N - 8º 17' long. 0).

Esta ocupación significó el comienzo de gran actividad comercial y pesquera, con el protagonismo de la Compañía Hispano Africana de Madrid.

La cuestión del territorio cedido en 1860, en el lugar atlántico llamado en siglos anteriores Santa Cruz de Mar Pequeña, para que España estableciese una factoría pesquera, habia ido alargándose en todos esos años sin llegar a una delimitación del terreno convincente para las dos parte. En 1889, con  motivo de la visita del muley Hasán a Tánger y la buena acogida que éste tuvo a unas propuestas españolas referentes a la formación de técnicos, médicos y algunas obras públicas en Tánger, se replantea la cuestión pendiente de aquel territorio, actual Sidi Ifni. No obstante la buena disposición por ambas partes, el Sultán dio, una vez más, largas al asunto, y la injerencia inglesa, presionando ante el Gobierno de Madrid, conseguirá que todo quede aplazado indefinidamente.